Embajador Domingo Namuncura: "Mi designación ha generado una sensación de orgullo para el pueblo mapuche"

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“Soy un diplomático por casualidad”. Así se define el Embajador de Chile en Guatemala, el primer indígena mapuche en la historia de su país en dirigir una delegación diplomática. Antes de ocupar este puesto colaboró en los gobiernos de Patricio Aylwin, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Con él conversamos de su trayectoria y de los pasos que le llevaron a esta tierra.

¿Cuándo se inició su carrera política?

– Soy trabajador social y me tocó vivir, siendo muy joven, los 15 años del régimen militar. Desde ese tiempo me involucré en la lucha por defender los derechos humanos. Contábamos con el apoyo de una muy progresista Conferencia Episcopal y establecimos el organismo Servicio, Paz y Justicia.

¿Todo ello en Santiago de Chile?

– Sí. Yo nací en Valparaíso pero me trasladé, luego de graduarme, a la capital. Y desde ahí me involucré con la lucha por salir de Augusto Pinochet, lo cual me llevó a desarrollar vínculos políticos. Soy parte del grupo fundador del Partido por la Democracia, junto con Ricardo Lagos. Así, poco a poco me alejaba de mi sueño original.

 

¿Cuál era este sueño?

– Ser catedrático universitario. Me veía de viejo decano en el futuro, pero el Golpe de Estado de 1973 lo cambió todo. Me convirtió en dirigente y militante. Luego de la salida de Pinochet consideré ser parlamentario, pero este tema se frustró.

¿Por qué?

– Había problemas con respecto a cuotas y otros escenarios. Entonces el presidente Aylwin me solicitó integrar una comisión asesora sobre derechos humanos, tema que me había consumido por completo todos los años anteriores. Nunca había considerado involucrarme en un gobierno. Y estuve los primeros cuatro años de la transición trabajando desde el Palacio de la Moneda con el Presidente de la República.

¿Qué pasó a partir de ello?

– Me empiezo a involucrar, de lleno, con el tema indígena. Trabajaba como asesor de Ricardo Lagos, entonces ministro de Obras Públicas, cuando el presidente Eduardo Frei me convocó para notificarme que quería hacer cambios en la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y me pidió que asumiera su dirección. Yo le contesté que, aunque era mapuche, desconocía mucho del tema. Pero asumí el reto y me trasladé a Temuco, en un momento muy difícil.

¿Qué estaba sucediendo en ese entonces?

– Estaba por construirse la Hidroeléctrica Ralco, que inundaría territorio pehuenche y los indígenas estaban en pie de guerra. Además, interpretaron el cambio de dirección en la Conadi como una afrenta, porque mi antecesor se había opuesto al proyecto. Los mapuches de Temuco me recibieron con pintas en las paredes y paros para impedir que asumiera el cargo. Me llamaron yanaconatraidor, una de las peores injurias para un chileno. Sin embargo cuando empecé a registrar todas las injusticias que se estaban cometiendo para construir Ralco la relación empezó a mejorar.

¿Qué tipo de injusticias detectó en ese momento?

– A los pehuenches los trataban como si se estuviera viviendo en el siglo XVII. Pero como me di cuenta de que Ralco se instalaba, sí o sí, la postura que adopté fue no firmar las transferencias de tierra indígena hacia Endesa de España. Ello implicó que se desatara un conflicto con el gobierno. Renuncié al cargo, en agosto de 1998, antes de que me la pidieran.

¿Qué pasó con la hidroeléctrica?

– Llegó un director no indígena a la Conadi, a los pehuenches se les trasladó a otro sitio, y se construyó la presa. Su cementerio ancestral quedó enterrado por un millón de toneladas de agua. Hasta hoy, ese episodio es una herida abierta para este pueblo.

¿Cuánta proporción de la población de Chile es indígena?

– El diez por ciento. Los mapuche somos mayoría, y mi encuentro con este mundo surgió a partir de mi paso con la Conadi.

¿Por qué no antes?

– Porque yo soy un warriache u hombre de ciudad y los mapuche son hombres de la tierra. Mi padre era un indígena a quien en el Ejército le descubrieron cualidades especiales y se integró a las fuerzas armadas. En Valparaíso conoció a mi madre, castellana. Así que soy mestizo y, por vivir en la ciudad, tuve acceso a la educación. Sin embargo, durante mi infancia fui discriminado. En la escuela era el mapuche, dicho de forma despectiva. Pero luego de una escaramuza escolar, pasé a ser Namuncura.

¿Usted se identificaba como mapuche?

– Sí. En casa, aunque no aprendí a hablar el idioma porque mi padre quería evitar que fuera discriminado, se vivía bajo valores propios de nuestra cultura. Uno a destacar, y que lo experimenté en carne propia muchas veces durante mi paso por la Conadi, en la que recorrí hasta 700 comunidades, es que los mapuche conversamos hasta resolver un problema. La nuestra es una tradición oral y no importa cuántos días pasen, un conflicto se finaliza cuando ambas partes se ponen de acuerdo dialogando. Y la conclusión del problema se sella con un apretón de manos o con un trueque.

¿Qué sucedió luego de salir de la Conadi?

– Fue una época difícil. Quedé como un paria. Un año después empecé a dar clases en la universidad, en la Academia de Humanismo Cristiano, y empecé a dictar clases sobre derechos humanos y pueblos indígenas. Después de mi paso por la Conadi estos temas quedaron siempre entrelazados. Así ha sido durante 18 años.

Sin embargo, poco tiempo después regresó al ruedo político.

– Sí. Porque Ricardo Lagos fue designado candidato a la Presidencia y me integró al comando de campaña. Le acompañé todos los días, salvo en los que daba clases. Y en marzo de 2000 pasé a ser Asesor de Gestión Presidencial, enfocado a todo tipo de temas. Obtuve, gracias a esta experiencia, una gran perspectiva de lo que es el Estado. Al final de esta gestión, apareció la figura de Michelle Bachelet como candidata, un hecho que impresionó a todo el país. Y que, para mí, significó un nuevo cambio de rumbo en la vida, operado por una casualidad.

¿De dónde surge esta casualidad?

– En los años ochenta, Michelle Bachelet y yo éramos vecinos. Nuestros hijos se criaron juntos. Teníamos un jardín en común. Ella trabajaba de médico pediatra en el Programa de Protección a la Infancia Dañada por el Estado de Emergencia ,y yo en el Servicio Paz y Justicia, los dos organismos de Derechos Humanos. Juntos nos encontrábamos muchas veces, regando los patios, y conversábamos. Así que mi vecina de antaño se perfilaba como la primera mujer Presidenta de Chile. Poco antes de ser designada candidata me mandó a buscar, porque sabía que el Partido por la Democracia la quería postular, y me dijo: “Domingo, me están metiendo en un lío”. Y yo le contesté: “Nosotros creemos que es el tiempo de las mujeres”. Me contestó: “Pero me vas a ayudar”.

¿De qué forma se integró a su proyecto político?

– Me solicitó ser consejero de la Conadi, involucrado directamente con el tema indígena. Fui su asesor en el Gabinete, y acompañé al Comisionado Presidencial de Asuntos Indígenas, que ella creó. Creo que jamás hubiese llegado a estos puestos si me lo hubiera propuesto. Ni siquiera el ser designado embajador, porque jamás estuve en ninguna lista corta. Un embajador de origen mapuche era una cosa muy rara.

¿Cómo llega entonces a esta embajada?

– Por decisión directa de la Presidenta. Yo pensé que me iba a involucrar en el tema indígena en este nuevo mandato, porque iban a surgir cambios legislativos importantes, pero no fue así.

¿Cómo le notificaron su incorporación al servicio diplomático?

– El canciller Heraldo Muñoz me convocó a su despacho para contarme que la Presidenta quería compartirme dos cosas: que se nombraría a diez mujeres y a un indígena mapuche como embajadores, ambas noticias trascendentales. Me alegré mucho. Y luego me notificó que el embajador era yo. Mi familia se fue de espaldas. Si lo hubiese peleado, seguramente ni siquiera me nombran agregado comercial de ningún lado. Mi designación ha generado una sensación de orgullo para el pueblo mapuche. Lo he percibido.

¿Por qué se elige como destino a Guatemala?

– Por ser el segundo país latinoamericano con mayor población indígena y porque es puerto de entrada para Centroamérica. La Presidenta quiere afianzar y potenciar sus relaciones con la región. Y yo, a nivel personal, estoy muy agradecido con la manera en como este país me ha recibido a todo nivel.

¿Cómo ha sido su relación con el mundo indígena de Guatemala?

– Estoy intercambiando experiencias y aprendiendo. Me he reunido con líderes mayas de distintas organizaciones, como la Academia de Lenguas Mayas. En Chile no tenemos nada parecido a esta entidad.

Sin embargo, está por instaurarse un Ministerio de Asuntos Indígenas y un Consejo Nacional de pueblos Indígenas en su país.

– Sí, porque los ministerios están para cumplir con normativas y políticas públicas y los consejos para representar los intereses de la sociedad civil.

¿Cómo se elegiría a los integrantes de este Consejo?

– Proponemos que sus pares lo hagan en votación directa. Cada pueblo tendrá su propio consejo. Los mapuche, los aymara, los rapa nui… Y todos ellos integran el Consejo Nacional. Se convertirán en el ente con el que se conversen temas importantes.

Y evitar nuevos casos como la Hidroeléctrica Ralco.

– En efecto. Esta sería la instancia para dirimir tensiones. El Ministerio de Asuntos Indígenas y el Consejo Nacional serán los encargados de abordar cualquier temática similar.

¿El indígena chileno se reconoce como tal?

– Hasta los años noventa eran habituales los cambios de apellido para evitar la discriminación. Pero luego de la conmemoración de los 500 años de descubrimiento y conquista, empiezan a recuperar su rol, como sucedió en el resto de América Latina. Hubo un renacer en la reivindicación de ser indígena y se lucen con orgullo trajes regionales, por ejemplo. Una personalidad como Marcelo Salas, ídolo de las multitudes, entra a la cancha con su polera del Colo Colo con la insignia mapuche.

¿Cuánta influencia tienen los indígenas dentro de los partidos políticos?

–  Muy poca, porque los indígenas desconfían de las organizaciones partidarias. En Chile nunca hemos elegido a un senador indígena. Y solo ocho diputados indígenas en toda la historia, pero ninguno en los últimos 25 años. Tenemos por delante un enorme desafío. Crear un Consejo de los Pueblos ya ha generado rechazo de personas que dicen que no funcionará. Por eso se ha dispuesto que sea un ente autónomo. Hay voluntad política. Michelle Bachelet ha dado instrucciones y quiere  que se cumplan.

Hace muy poco, la presidenta Bachelet estuvo en Guatemala.

– Sí. Yo esperaba que viniese en cualquier momento durante los cuatro años de gestión, pero fue una sorpresa y un verdadero honor para mí, y para esta Embajada, que viniese tan temprano en su mandato.

¿Qué puede destacarse de esta visita?

– Fueron 11 horas muy valiosas. Todo resultó muy bien. La reunión bilateral fue especialmente fructífera por cuestiones como el apoyo que Chile da desde ya a Guatemala para integrarse a la Alianza del Pacífico. También se instalaron mesas de negocio, con empresarios de ambos países para mejorar el intercambio comercial y aumentar las inversiones. Hubo acuerdos vinculados con la educación que involucran intercambios, becas y otros temas e importantes acuerdos turísticos. Ahora preparamos la agenda de la comisión binacional para darle seguimiento a todo lo discutido. El impacto de esta visita apenas empieza a sentirse.

Fuente: Diario El Periódico, Guatemala. Ver artículo